Talentos

January 29, 2023

No soy gracioso. Me gusta contar chistes, caigo razonablemente bien, pero no soy el gracioso. Ser gracioso no es nada más que un talento más en la gran lista de posibles talentos que los humanos podemos tener.

Me fascina ver cómicos que se lanzan a un escenario desafiando sus emociones y aprovechando cada pequeño movimiento de cada musculo del cuerpo con el objetivo inequívoco de provocar la risa.

Evidentemente el tipo de risa y sentimientos que puede despertar un cómico puede tener diferentes matices voluntarios o involuntarios, pero en línea de principio, el cómico, es capaz de acercarse a ti, penetrar tu cuerpo, acercarse al grifo de la dopamina y conseguir abrirlo intermitentemente. Ese grifo es duro y vuelve a cerrarse automáticamente, como si tuviera un muelle. Es el mismo grifo del sexo, de la droga, del tabaco, del chocolate, pero cada cosa maneja el grifo de una manera distinta obviamente.

Si bien no es necesariamente verdad que un talento es tal cuando es capitalizable, si hay que reconocer que la mayoría de las veces resulta serlo. Y la manera de capitalizar ser gracioso es ser cómico. Otros, a los que se les reconoce ser graciosos solo por escrito, pueden ser autores.

Pero la cuestión es poder vivir de ese oficio y esquivar la angustia de los trabajos convencionales de oficina o de los trabajos manuales duros y mal remunerados.

Esquivar a costa de quien se quedaría con la labor. No todos luchan, pero muchos camareros también aspiran a ser actores o cantantes. O cómicos. Y, más recientemente, también el funcionario se cuida en el gimnasio y tiene un canal en YouTube con la esperanza de ser millonario.

No hay nada más sano que tener aspiraciones y sueños, incluso cuando generan algo de frustración, que es en definitiva el motor que te lleva a mejorar.

Pero la mayoría se quedan sueños por una razón o por la otra, por falta de talento a menudo.

Lo que es curioso y parece ser bastante común es como muchos personajes de éxito relatan su ascenso como una concatenación de eventos fortuito. Quien más y quien menos considera un discurso aceptable explicar que empezaron por juego, o que fueron a un casting con un amigo o cosas por el estilo. No entiendo muy bien porque esconden el duro trabajo y el foco seguramente puesto durante años al objetivo que pueden afirmar de haber conseguido.

Quitando aquella parte de sociedad que está completamente reseñada, aquellos de los que dependen otras personas y no se pueden desviar de las vías ni un milímetro por el riesgo de poner en peligro la subsistencia de otros, existe una gran cantidad de personas que vive permanentemente excogitando maneras de salir del pozo de lo convencional.

¿No es acaso, lo mismo que nos piden en una ingeniería? ¿Ser eficientes? ¿Hacer lo mínimo sacar lo máximo en el menor tiempo?

La manera de organizarnos en sociedad y el papel que juega cada uno es muy parecido a tener un programa informático en el que cada uno tiene una parte del código y lo ejecuta en su propia máquina, más o menos potentes en relación con su idiosincrasia.

Algunos tienen talentos y máquinas con mejor desempeño, otros consiguen beber del trabajo de otros, y otros no consiguen procesar nada.

Algunos hackean el sistema, de manera más o menos legitima, otros aprovechan de su mal diseño.

 

Con todo, la búsqueda hay que hacerla con mucho cuidado, y descartar caminos inadecuados lo más rápidamente posible.

Fui mal deportista y mal músico. Probablemente no llegué a poseer ninguno de esos adjetivos y me quedé como un aficionado más.

El esfuerzo fue enorme y la falta de talento evidente desde el inicio, y me tuve que levantar tantas veces y curtir tanto para llegar a resultados mediocres que, tras fracasar, me costó relativamente poco emprender una carrera de ingeniero y lidiar con las relaciones familiares conflictivas y con las mujeres (que los son por definición).

Con casi 40 años lanzarse a nuevas posibilidades de salir de la campana se hacen más difíciles. Primero porque ya uno tiene una estabilidad económica. Segundo por mera inercia. Tercero porque la mitad de la vida ya ha pasado y un sentimiento de ligera resignación puede tener sentido.

Por otro lado, el sentimiento de la curiosidad siempre se encarga de llevarte hacia el riesgo y hacia lo desconocido e incierto.

 

Oscilo entre la resignación y la curiosidad, mi punto medio es la ingeniería, dura y pura, sin talentos necesarios. Mi maquina trabaja de manera eficiente y proporcionada en el código global de la sociedad. Observo con fascinación el que lo ha conseguido, opuesto a lo mío. El cómico.